Jorge Restrepo
Cali, Colombia, 1961


Texto crítico de Jorge Antonio Espinosa
acerca del performance colectivo "Negentropía"
de Jorge Restrepo

  

 

   

                 

         

 

 

“Baño de luna” y “Negentropía”:

Zambullirse en la abstracción

 

Jorge Antonio Espinosa

 

Baño de luna

 

Jorge Restrepo y sus alumnos entran a la laguna de Monterredondo, vestidos de negro, sujetando globos negros recién inflados.  El agua helada y el fondo fangoso hacen de su entrada una torpe (no por eso menos ceremoniosa) procesión.

 

Una vez adentro, los alumnos espontáneamente comienzan a bañar a su maestro, ráfagas de agua provenientes de 93 direcciones le pegan al “profe” en la cara.  Éste las recibe a carcajadas y con los brazos abiertos, hasta que los participantes se cansan y le permiten respirar. 

 

Con la calma que se impone tras el baño al profesor, se esparcen los individuos con sus globos en mano, formando una caricatura de captura de carbono, y se acomodan “con el agua al cuello”, como podría llegar a estar una buena parte de la población mundial algún día no muy lejano.

 

No es posible divorciar la situación sombría en la cual esta nueva generación hereda el planeta, del optimismo y la emoción que sienten estos jóvenes al encontrarse a una semana de su graduación.  En pocos días se graduarán y saldrán al mundo a luchar por alcanzar sus sueños.

 

La obra de Restrepo funciona como punto de encuentro entre el miedo y la esperanza, aspectos que podemos observar acá como complementos, dos voces que coexisten en eco perpetuo, dándose alas en lugar de excluirse mutuamente. 

 

El profesor pone la mesa, prepara el escenario y la obra cobra vida propia, se manifiesta así el reclamo de una generación a la otra, por sus descuidos, sus errores, sus excesos, pero es a la vez un reclamo cariñoso y optimista, presagio de una importante transferencia de mando, en el cual la nueva generación toma la batuta y se alista para lo que viene. 

 

 

Negentropía

 

Acompañados de sus globos y vibrando aún con la energía del baño, los alumnos se acomodan en el agua.  Tender hacia un orden mayor es una característica de la vida, llamada “negentropía,” también conocida como entropía negativa o “sintropía”.  La vida se ordena en niveles cada vez más complejos de interdependencia (entre tejidos y órganos, entre ecosistemas y especies, por ejemplo).  La capacidad para contemplar la complejidad de los sistemas vivos y la receptividad para aprender de ellos y aplicar esta sabiduría a nuestro diario vivir son las competencias humanas que decidirán el futuro del planeta.  ¿Cómo más imaginar y alcanzar un futuro sostenible para la humanidad sobre este planeta y cualquier otro que queramos colonizar en la ficción o en realidad?

 

En medio del desierto de Arizona se construye Arcosanti,[1] una ciudad sostenible, sin carros, con edificios multifuncionales que integran hogar con trabajo y producción de sustento, aspectos de la vida humana que han sido segregados por el crecimiento desmedido de las ciudades.  Esto se está logrando en sólo el 2% de la tierra que utiliza una ciudad normal, imaginemos ciudades eficientemente planificadas, rodeadas de bosques y granjas.  Paolo Soleri es el arquitecto que conceptualizó la Arcología como el encuentro de la arquitectura con la ecología, él logra plantear una alternativa viable para la vida del ser humano estableciendo niveles ascendientes de complejidad. 

 

Otro maestro de la “negentropía” es Joel Salatin quien en su granja Polyface[2] recrea relaciones simbióticas observadas en la naturaleza entre plantas, rumiantes, insectos y aves para crear un ecosistema productivo usando animales de granja, generando alimentos de una manera sostenible a la vez que incrementa la fertilidad de su suelo y mantiene una extensión considerable de bosque[3].

 

Esta capacidad la podemos ver en la vida y obra de esos visionarios como Joel Salatin y Paolo Soleri.  A los seres humanos como raza nos toca despertar de nuestro sueño ignorante y abrazar la negentropía como modus operandi o simplemente nos hundimos.

 

El profesor reta a sus alumnos a zambullirse en la abstracción, a convertirse en la complejidad misma, a verse como parte de la gran obra maestra que somos la raza humana.  El mismo lado del cerebro responsable del pensamiento abstracto y la creatividad artística (el derecho) es el que nos facilita sentir las conexiones con los demás y con el ambiente. 

 

Completado este baño ritual que a través de los siglos ha simbolizado la iniciación, purificación y la preparación para el cumplimiento de tareas sagradas, salen sonrientes, alumnos y maestro, de la laguna.

 



[1] www.arcosanti.org

[2] www.polyfacefarms.com

[3] Pollan, Michael, The Omnivore's Dilemma (Penguin Press, 2006)

 

 

 

 

 

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