“Las primeras tramas fueron cautelosas”
-Crónica de una acción de arte-
Soledad Fontela
Historiadora
“Lo esencial es invisible a los ojos”
El Principito
En el marco de la 5º Bienal Internacional de Arte Textil, organizada por World Textile Art se llevaron a cabo una serie de talleres en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina, país que ofició de sede para dicha Bienal en este año 2009.
La artista internacional y directora de la organización Pilar Tobón convocó para estar al frente de uno de estos talleres a un artista de origen colombiano, residente en Honduras, Jorge Restrepo. Las múltiples exposiciones de Restrepo han estado en diferentes países, lo realmente peculiar de las obras del artista es que muchas de ellas están dirigidas a personas ciegas. Si bien pueden ser disfrutadas por cualquier persona, sus obras tienen poco o nulo color apuntando a “ver” a través del tacto.
El otro artista convocado por Pilar Tobón es un artista ciego, uruguayo, Humberto Demarco quien ya había llevado adelante un taller en la anterior Bienal en la ciudad de San José de Costa Rica en 2006.
Contratiempos e imprevistos hicieron peligrar que dichos artistas pudieran llegar a Buenos Aires, por lo cual las organizadoras de los talleres pidieron la colaboración de un artista argentino, Pablo Ramírez Arnol, que además es docente y se encuentra trabajando con personas ciegas y con otras discapacidades.
En las semanas anteriores al taller se pudieron poner de acuerdo los tres artistas en realizar juntos la tarea en una casa –taller en el barrio Palermo Viejo en Buenos Aires.
Los unían dos grandes temas comunes: El arte y la ceguera. Humberto Demarco es el único ciego, pero Jorge Restrepo hace obras para ciegos y Pablo Ramírez Arnol trabaja con personas ciegas. La casa-taller pertenece a una artista y docente en arte, Ana Pagani. El día sábado 25 de abril se reunieron todos en la calle Gorriti donde está ubicado el taller. Hubo presentaciones y reencuentros, en el caso de la dueña de casa, conocía sólo a Pablo, en cuanto a Jorge y Humberto se conocían entre sí pero no con Ana y Pablo. Fue en esa instancia cuando decidieron transformar el formato del taller, pensado en principio para ser realizado en el interior de la edificación.
En la casa se destaca un muy bien cuidado jardín, sumamente colorido e iluminado que les pareció ideal para una obra colectiva. Se trabajó en la preparación de las cuerdas ser utilizadas, ya que Jorge había traído desde Honduras gran parte del material (el que faltaba fue adquirido en la tarde por Jorge y Ana, que ofició de guía).
Domingo 26. La llegada con antelación de los encargados del taller hizo posible organizar una urdimbre con los hilos cortados el día anterior y cortar los restantes. Los colores eran negro, gris y blanco al que se sumó un verde muy tenue en algunas tiras que acompañaba la estética de la fotografía. En esta instancia se sumó la ayuda de Claudia Herrán, esposa de Jorge, quien había llegado la noche anterior.
Fueron llegando puntualmente los asistentes, en su mayoría mujeres (sólo un hombre ciego que fue alumno de Pablo y que se escribía con Humberto sin conocerse personalmente). Cuando se comenzó hubo una instancia de presentación tanto de lo que se pretendía realizar, como de cada una de las personas presentes.
La consigna era vestir todos de color negro, lo cual fue acatado por la mayoría.
Artistas de varios países, con distintas realidades, distintas edades y convocados a una actividad colectiva. Consistía en tejer entre todos un tramo de unos ocho metros por un metro; la urdimbre estaba sostenida en cuatro rejas del tamaño de puertas que servían de marco al futuro tejido. Se encontraba en el correr del patio a la altura de los hombros y hacia abajo un metro. Cuando se dio el inicio de la actividad, todos formaron parte de ella; se dejaron unos trozos de tela negra al alcance del que quisiera, con los cuales se cubrieron los ojos.
La mayoría y me atrevería a decir que todos, exceptuando la fotógrafa profesional que fue convocada, se vendaron los ojos en algún tramo de la obra. Algunas, me consta, mantuvieron la venda todo el tiempo, pues querían trabajar con los sentidos restantes a la visión.
Las primeras tramas fueron cautelosas, pero se fueron confundiendo las voces, los nudos, las manos. Se soltaron cada vez con mayor fluidez los temas, las vivencias. En una recorrida auditiva a lo largo de los ocho metros se hacían presenten los relatos de vida, de trabajo, de costumbres; temas filosóficos, de creencias y sensaciones que enriquecieron la creación que tenía el marco de ese jardín encantado y una música seleccionada por la excelente anfitriona que se involucró en la obra sin dejar de atender a todos con refrigerios y sonrisas.
La actividad total duró unas cuatro horas. Los hilos con los cuales se hacía la trama se recogían del suelo donde se habían dispersado de manera cuidadamente desordenada por los organizadores. La idea de Jorge era que se levantaran las hebras así como los “trozos de nuestra historia, que será tejida entre todos”.
El futuro de la obra, que era el resultado obtenido en aquella tarde fue discutido luego de agotar todo el material y conseguir un tramo compacto y elaborado. Se decidió por unanimidad que aquello era rico en cuanto al proceso. La importancia no radicaba en el producto obtenido, sino en el proceso en el cual se realizó. Vale decir que visualmente era estupendo. Es por ello que algunos propusieron la idea de exponerlo junto con algunas fotos del proceso creativo al culminar la Bienal.
Muchos dieron testimonio de la experiencia verbalmente, otros llevaban su satisfacción dibujada en los rostros (esto se puede tachar de hecho poco verificable empíricamente, pero puedo rebatirlo diciendo que sólo un participante de las 14 personas que asistieron se retiró unos minutos después de culminada la creación y por causas de fuerza mayor).
Luego de charlar bastante se pasó al goce, se bajó la obra y de la misma forma que unos chicos jugando, se disfrutó colectivamente saltando, envolviéndose en ella sacando fotos y apropiándose entre todos de aquel tramado que ya tenía un pasado, un presente y que guardaremos por siempre, éste será su mejor futuro.
No podría haberlo descrito sino hubiese estado allí.
Me mantuve a distancia cuanto me fue posible en el relato porque la objetividad es la regla Nº1 en la Historia; pero fui testigo activa y disfruté como todos de esta actividad colectiva tan enriquecedora.
En distintas partes del mundo se están practicando por parte de artistas y de trabajadores sociales acciones colectivas efímeras, en su mayoría con el fin de concientizar sobre algún tema.
La sensibilidad del artista y su convocatoria hacen visible lo que pasa inadvertido. En este caso nos mostró a todos que somos capaces de “ver” sin la visión y poseemos la fuerza de la creación colectiva.
Montevideo, Uruguay, 5 de abril de 2009
Los textos y fotografías de esta página pueden ser copiados parcial o totalmente por cualquier usuario para fines académicos y de aprendizaje, o para uso personal, siempre que no tengan como finalidad su comercialización. Se agradece en envío de citas y copias de textos sobre dónde y cuándo han sido utilizados. En artista puede facilitar copias de algunas fotografías en buena resolución según solicitud expresa.