Jorge Restrepo
Cali, Colombia, 1961

"... realiza una operación aditiva sobre una composición geométrica..." 

 

                     

             





La poética estructural en la pintura de Jorge Restrepo

 

Por Carlos A. Lanza

 

Espacio organizado, quizá sea ésta la mejor forma de definir la muestra que el día de hoy presenta el artista colombiano Jorge Iván Restrepo en la sala de El Patronato Pro-Patrimonio Cultural de San Salvador. Se podría objetar que toda pintura es espacio organizado, pero la obra de Restrepo es una conciencia que se configura en espacio y una sintaxis que la revela como orden y estructura, es decir como lenguaje. Dentro de las vanguardias del siglo XX hubo un movimiento que convirtió este lenguaje en una programa: el neoplasticismo de Mondrian y Theo Van Doesburg. La obra de Restrepo presenta huellas neoplásticas que poco a poco van decantándose hasta concretarse en una imagen que expresa el tono personal del artista.

 

Estamos frente a una propuesta que no busca representar el mundo real, sino otra realidad: la que la memoria retiene como experiencia sensorial e intelectual. La pintura de Restrepo transforma el entorno humano en una estructura plástica policromática o en palabras de Mondrian, busca “la transformación del mundo real a través de las formas”. Testimonio de este procedimiento rigurosamente intelectual, es la serie Atitlán en la noche. En esta serie, el paisaje es simplificado hasta llegar al destello y el destello es un efecto de contraste tonal. La experiencia frente al lago se convierte primero en un apunte visual que la memoria retiene, luego, conscientemente, el artista desnuda esa experiencia quitando todo lo anecdótico y lo accidental, hasta expresar en el soporte (papel acuarela) únicamente la experiencia sensible, es decir, una arquitectura de colores ordenada con cierta regularidad en la que el paisaje deja de tener una realidad idílica para convertirse en una gramática de luz  Este procedimiento aproxima la obra de Restrepo a la estética de Mondrian pero las finalidades son diferentes y esto es lo que permite que el artista colombiano articule una poética sui géneris. Los neoplásticos clásicos negaban la representación en favor de una búsqueda de la verdad interior y afirmaban que la sensibilidad plástica era el único camino para lograr la trascendencia del espíritu, en ellos gravitaba una clara conciencia metafísica, en cambio, en Restrepo no advierto la búsqueda de ninguna verdad trascendente más allá del color; en este sentido, la orientación Restrepo es más positivista que metafísica, le interesa convertir la realidad en información plástica para el desarrollo de ideas y conceptos acerca de esa misma realidad, alejándose así de ese proceder que ve en el conocimiento una operación ritual propia de espíritus ascetas.

 

Las claves de significación en la obra de Restrepo hay que buscarlas en los fenómenos visuales. Es cierto que en la obra de Restrepo encontramos el entrecruzado de líneas verticales y horizontales que caracterizaron a los neoplásticos de la revista De Stijl, pero mientras en aquellos, las líneas verticales y horizontales sobre el plano eran parte de su programa de abstraer la realidad hasta descontaminarla de todo elemento accesorio e inútil, en Restrepo, estas mismas líneas sólo son el procedimiento para generar efectos rítmicos por continuidad y segmentación, dando lugar a un espacio reticulado que sirve como escenario para operar sus texturas, veladuras y contrastes.

 

 En la obra concebida como un  Homenaje a De Stijl, Restrepo construye una gramática distinta a la geometría neoplástica, veamos: la geometría de esta obra es más lírica y emocional; el neoplásticismo, por el contrario, se apartaba de lo emocional por considerarlo un producto de la vanidad espiritual del hombre. En esta obra Restrepo es impetuoso, en determinado momento la línea se convierte en mancha y va por direcciones diferentes; los neoplásticos no se permitían estas libertades, su trazo era más cartesiano, entre más riguroso era su proceder plástico, más expedito era el camino que los llevaba hacia la búsqueda de lo esencial en las cosas, por eso no utilizaban la línea curva ya que la asociaban con toda aquella confusión del espíritu que generó el barroco; utilizaban color unido, compacto, plano, puro, alejado de cualquier aproximación emotiva; en cambio, en la obra de Restrepo, si bien no observamos líneas curvas, sí advertimos trazos accidentales, el color en algunas zonas aparece más denso en otras partes más diluido o transparente y yuxtapuesto, sobreponiéndose al plano geometrizado. Esta estructura plástica nos indica que la obra de Restrepo está lejos de ser un ejercicio místico, es a mi parecer, una sintaxis organizada por el ojo y no por el espíritu, con esto no estoy diciendo que la obra carezca de sensibilidad, estoy afirmando que la sensibilidad de Restrepo está determinada por procesos cognitivos y gestálticos; este proceder lo lleva a subrayar la naturaleza objetual de la obra, es decir, a destacar la sensibilidad y la fuerza contenidos en los objetos y a mostrar que la realidad misma está sujeta a las leyes de la forma: simplificación, complejidad, expansión, contraste etc.

 

En la exposición hay otras obras resueltas en formatos más grandes y son un resumen de toda la propuesta del artista; en ellas el color va adquiriendo densidad a base de capas, Restrepo realiza una operación aditiva sobre una composición geométrica; este proceso le permite crear un efecto de fondo reversible en el que un tono puede ser simultáneamente fondo y  primer plano; de esta manera, el artista elabora el sentido de profundidad en un espacio planimétrico. En algunas obras, los contrastes entre colores crean la sensación de un movimiento hacia afuera pero en otras, esos mismos contrastes crean la ilusión de un viaje visual hacia adentro. Pintura que va, pintura que viene; danza de movimientos donde el ritmo es el color y la geometría es el compás; geometría que de una obra a otra va decantándose en una atmósfera que libera al espacio de toda rigidez.

 

En la propuesta de Restrepo podemos ir de lo previsible a lo imprevisible; de lo calculado a lo contingencial; de lo racional a lo intuitivo. La gran semiosis o la gran verdad de esta propuesta está en el contraste y el contraste es una metáfora de la vida misma: no hay vida sin contraste, sin aquello o lo otro; cada vez que nombramos una realidad dejamos latente la posibilidad de nombrar su contrario, de igual manera, y por un procedimiento análogo, en la obra de Restrepo cada vez que nuestros ojos afirman la existencia de un color o de una forma, están afirmando la presencia de otros colores y otras formas; es curioso que sobre la base de una estructura fija exista tanta dinámica, esta dinámica es posible gracias a que el artista asume el color como estado de energía con funciones de separación y la composición como espacio de valores relacionales con funciones unitivas; así tenemos una obra que modelizada dentro de parámetros de la geometría es capaz de presentar una gran riqueza plástica.

 

De Azteca, nombre de la exposición, nada puedo decir, pienso que el nombre está descolgado de la propuesta, pero sí puedo hablar de la pintura; ¿De qué habla la pintura de Restrepo? Habla de sí misma, se nombra en su propia materia, se rasga en sus propias texturas, se hiere en cada mancha, se poetiza en cada forma; su práctica histórica está en su hechura, su identidad es un pacto entre el lienzo y la memoria del artista, intentar pasar ese límite es negar la verdadera realidad de estas obras.

 

Tegucigalpa, 12 de agosto de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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