Texto crítico de Carlos Lanza con motivo de la exposición "Urdimbres" de Jorge Restrepo en la Galería Nacional de Arte en Tegucigalpa, Honduras, el 15 de abril de 2004

“donde la luz se rompe, se desangra”
Octavio Paz
“El ojo ha de concentrar, englobar; el cerebro formular”.
Paul Cézanne
Gramática de luz que se desnuda en los ojos. Transparencia que revela materia y sensibilidad. Poema visual que teje su sentido con rítmicas modulaciones de color. Pintura urdida desde la pintura. Entidad que organizando la materia objetivisa el espacio: La pintura del colombiano Jorge Restrepo es una arquitectura que ha desterrado el vacío; es simultánea: necesidad de presencia; es compacta: anhelo de unidad y solidez frente a lo efímero. La libertad lírica del color y el fluido trazo del pincel hacen de la pintura de Restrepo una doble sensibilidad: pasión por observar y pasión por traducir. Lo que vemos en esta pintura es una trasmutación y purificación de la realidad a través del color. La obra de Restrepo bien puede definirse como una poética de clara conciencia perceptiva y fina regularización del espacio.
No estamos frente a una simple operación técnica, estamos frente a un creador que utiliza el color para elaborar vivas metáforas de la realidad o para ser más específico, de lo que ve. A finales del siglo XlX, Cézanne reflexionaba así: “El arte es una armonía paralela a la naturaleza. El pintor no deberá copiar simplemente la naturaleza, sino que ha de interpretarla sin desligarse del todo de la observación de la misma.” Una anécdota nos ayudará a comprender mejor este método. Cuenta el artista colombiano que paseaba por el campo cuando se encontró con una hoja que en cierta parte de la misma concentraba una línea de pigmentos rojos; este dato le sirvió para elaborar una de las obras del proyecto Urdimbre. Lejos de copiar la hoja tomó de ella las cualidades cromáticas que poseía y la procesó artísticamente. La operación sería aparentemente sencilla si no fuera porque al momento de procesar lo mirado, Restrepo elabora una fina red de relaciones cromáticas y conceptuales que elevan al objeto a un plano de percepción que lo independiza de sus conexiones naturales para llevarlo a un plano que sólo tiene sentido dentro del lenguaje pictórico. Más que construir formas, Restrepo utiliza el color para explorar las cualidades sensoriales de lo que ve; pero el artista llega a este camino por la vía de una gran sensibilidad; no es simplemente un ojo que ve, es poeta que canta con el color en el alma. Llama la atención que algunas de sus obras llevan los nombres de “Comayagua” y “Camino a Güinope” pero en ellas, el espectador no va a encontrar referencias iconográficas de estos pueblos de Honduras, ni semblanzas inmediatas de sus paisajes. Encontrará sí un paisaje abstracto, abstraído de las cualidades cromáticas de éste; Restrepo se aleja de toda lectura bucólica, su paisaje es una operación intelectual resuelta sobre una vibración ininterrumpida de color. El artista ha conseguido su propósito: tejer con hilos de luz la piel del paisaje.
Estamos frente a una estructura cristalina que transparenta una visión del paisaje que toma distancia de las facturas “naíf” y esto no es un rechazo, es una opción: Restrepo es un pintor absolutamente moderno. Cuando las referencias de su pintura aluden a lo geométrico, son cercanas al neoplasticismo de Piet Mondrian; cuando la pintura va hacia una estructura de contrastes tonales, sus referencias son impresionistas aunque en el inicio de su carrera artística sus trabajos estuvieron signados por una marcada tendencia expresionista; en cualquiera de los casos, su adhesión a la modernidad está plenamente definida.
Cuando me refiero al concepto de estructura lo hago con el propósito de enfatizar su formalización geométrica. En un ensayo anterior que titulé “La poética estructural en la pintura de Jorge Restrepo” señalé que “Las claves de significación en la obra de Restrepo hay que buscarlas en los fenómenos visuales. Es cierto que en la obra de Restrepo encontramos el entrecruzado de líneas verticales y horizontales que caracterizaron a los neoplásticos de la revista De Stijl, pero mientras en aquellos, las líneas verticales y horizontales sobre el plano eran parte de su programa de abstraer la realidad hasta descontaminarla de todo elemento accesorio e inútil, en Restrepo, estas mismas líneas sólo son el procedimiento para generar efectos rítmicos por continuidad y segmentación, dando lugar a un espacio reticulado que sirve como escenario para operar sus texturas, veladuras y contrastes. En la obra de Restrepo la estructura geométrica funciona como principio organizador del espacio, es el entramado que perfila las coordenadas del espacio pero lejos de construir una imagen rígida, el artista elabora una composición dinámica sobre la base de cuatro movimientos:
El primer movimiento se da por contraste de trasparencia y pastosidad; la transparencia por superposición permite ver todas las capas y su riqueza cromática dando una sensación de profundidad; la pastosidad o densidad matérica del color produce un efecto contrario, es decir, oculta y estabiliza los colores en un primer plano. Esta doble relación teje una percepción de proximidad y profundidad, de movimiento hacia fuera y hacia adentro.
El segundo movimiento está determinado por el uso de la mancha que al ser elaborada como una estructura paralela al entramado geométrico, irrumpe el equilibrio estático que tiende a producir la geometría generando así un ritmo que la geometría jamás podría tener por sí misma y al mismo tiempo, hace posible que la mancha como agente estrictamente plástico adquiera consistencia en el discurso.
El tercer movimiento se da por la superposición de una formalización geométrica que combina lo regular con lo irregular: va desde trazos perfectamente equilibrados a retículas trazadas a pulso incluyendo superposiciones que combinan estructuras geométricas en correspondencia disímil en las que advertimos una composición reticulada frontal que contiene en sí misma el principio de su propia alteración pues adherida a la misma estructura el artista construye otro andamiaje geométrico de menor escala pero suficiente para alterar la percepción ya que es proyectada con un ligero declive que disloca la mirada y agudiza la tensión. Quizá este juego de superposiciones geométricas que propone Restrepo esté ligado a la idea de que el mundo es un espacio que sólo revela su sentido en la multiplicidad de enfoques y percepciones. Es posible que estemos frente a un discurso geométrico plenamente semantizado en cuya variedad el artista esté comprometiendo una visión del mundo, de ahí que el uso del color y las retículas sean signos con una poderosa carga simbólica.
El cuarto movimiento se resuelve en lo que llamaría espacio atmosférico, este proceso es quizá el más importante en la obra de Restrepo, es aquí donde se sintetiza toda la propuesta del artista. De entrada lo que percibimos es un universo de colores que aprisiona la mirada, no hay escapatoria alguna; aunque cerremos los ojos el color sigue manifestando toda su presencia. Gracias al espacio atmosférico, Restrepo establece la correspondencia entre sensaciones manteniendo en todo momento una sólida coherencia de conjunto. Es el momento gestáltico de la obra: lo que el ojo no percibe lo construye la atmósfera. El espacio atmosférico es la armonía psíquica o sea la relación entre las formas exteriores producidas por el color y el estado subjetivo del que crea y el que observa. En una oportunidad Cézanne le dijo a su discípulo Gasquet “Hay días en que me parece que el universo tan sólo es una mínima corriente, un fluido aéreo de reflejos, de reflejos que danzan en torno a las ideas del hombre.” Precisamente, lo que vemos en Urdimbre es un tejido de reflejos que danzan al ritmo de una música que invade todos los sentidos: estamos frente a una armonía sentida y presentida. Es algo que nace en la obra pero se instala en todo el recinto expositivo dando origen a las más intimas correspondencias y sensaciones.
La paciente aplicación y ordenación de las manchas o microestructuras plásticas hacen posible que la forma, la luz, el espacio y la superficie queden expresadas por dos medios pictóricos: el color y las retículas. No estamos frente a una obra de escasos recursos pictóricos, estamos frente a un discurso estético elaborado con el mejor instrumento de síntesis creado por el hombre: la abstracción, ese procedimiento que organiza la complejidad de lo real bajo el principio de lo esencial.
Tegucigalpa, 9 de abril de 2004
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